Laia Blasco, terapeuta ocupacional y alumna de nuestro máster MUISOCIAL, nos acerca, a través de este post, la educación sexual para personas con discapacidad intelectual.
La educación sexual para personas con discapacidad intelectual es un tema que, a pesar de los avances sociales, aún se considera tabú. En este sentido, es importante destacar que esta población necesita orientación sobre sus experiencias sexuales. Por ello, la colaboración entre familias y profesionales resulta esencial para transmitir información y valores sobre sexualidad. De esta manera, ambos agentes deben trabajar con criterios comunes con el fin de dar respuesta a las necesidades de desarrollo sexual.
FAMILIA
Por un lado, la familia juega un papel clave en la educación sexual de sus hijos e hijas con discapacidad intelectual. En consecuencia, es fundamental que estén atentos a las primeras señales de interés sexual y, además, que ofrezcan seguridad y confianza para expresar sus dudas. Para ello, deben responder las preguntas con claridad, sin proporcionar más información de la que se demanda. Asimismo, se recomienda que no repriman las manifestaciones sexuales y que, en caso de dudas, consulten con profesionales.
PROFESIONALES
Por otro lado, los profesionales también son agentes educativos importantes. En este aspecto, deben facilitar conversaciones sobre sexualidad y salud reproductiva, asegurándose de adaptar el aprendizaje a cada etapa evolutiva. Además, la formación de los profesionales debe fomentar una sexualidad positiva, así como la autonomía y el desarrollo de las capacidades personales.
Asimismo, las personas con discapacidad intelectual necesitan aprender habilidades sociosexuales con el objetivo de establecer relaciones de pareja satisfactorias y evitar conductas sexuales inadecuadas. De igual manera, deben comprender la importancia de respetar los deseos de las demás personas. Por esta razón, estos programas deben basarse en el respeto de los derechos humanos y la igualdad de género. De lo contrario, la falta de educación sexual puede aumentar su vulnerabilidad.
En definitiva, la educación sexual no solo es un derecho, sino también una herramienta clave para combatir la desigualdad de género y la violencia sexual. Por ello, es necesario seguir investigando con el propósito de mejorar la vida sexual de las personas con discapacidad intelectual.